
Un universo de números, combinaciones, letras, versos y sobre todo experimentación literaria, al cual indibur le rendirá tributo todo el proximo mes de diciembre. El día 24 de noviembre del año 1960 nace en el restaurante "le Vrai Gascon" de Paris, el Ouvroir de littérature potentielle, Oulipo. Su fundador fue el matemático francès Francois Le Lionnais y su cofundador el poeta y escritor Raymond Quenau, que muchos lo consideran como su fundador pero que él mismo se encargaría de aclarar que el verdadero iniciador del taller era Le Lionnais y no él. En sus inicios el Oulipo contaba con diez integrantes y nació como un seminario del Colegio de Patafísica de Paris. Al poco tiempo este seminario lograría independencia del Colegio y pasaría a ser integrado por destacados escritores de la época y diferentes matemáticos y escritores no tan conocidos. |

Pero serían otros integrantes quienes dieran a conocer el taller a nivel internacional. El año 1962 se une a sus filas Marcel Duchamp, como uno de los corresponsales extranjeros en Estados Unidos, Georges Perec, que se une al taller el año 1966 e Italo Calvino en 1973. Entre los autores o tendencias literarias que estaban en la admiración del taller, se encontraban los poetas alejandrinos, algunos poetas barrocos alemanes, los formalistas rusos, y sobre todo la obra del escritor Raymond Roussel. Cualquiera podría pensar que estamos hablando de Locus solus (1914), aquella obra surrealista que tanto cautivó a los intelectuales a principios del siglo XX con las cualidades inventivas del dr. Martial Canterel y su mansión a las afueras de Paris llena de excéntricas colecciones e inventos que dejarían deslumbrado hasta el sujeto más impertérrito. |

Pero lo que realmente cautivaba a los integrantes del taller, era la forma con la cual Roussel había construido gran parte de su obra, por medio de retruécanos y combinaciones fonéticas y juegos de palabras. Acción que se diera a conocer en un texto póstumo donde Roussel dejaba constancia de su método, en Cómo escribí algunos libros míos. La finalidad del Oulipo era crear una literatura basada en estructuras complejas, combinaciones matemáticas y diferentes reglas que ellos inventaban para hacer una especie de juego con la literatura y crear un manual para que luego otro pudiera seguir las instrucciones del juego. La mejor frase que caracteriza el movimiento es la que hicieron Marcel Benabou y Jaques Rouboud, dos de sus integrantes: "El escritor oulipiano es una rata que ella construye su propio laberinto del cual se propone salir ¿Un laberinto de qué? De palabras, sonidos, frases, párrafos, capítulos, bibliotecas, prosa, poesía y todo eso." La particularidad del movimiento era su función colectiva, ya que debatían entre sus integrantes diferentes técnicas para llevar a cabo en la narrativa o poesía, siempre con el objetivo de jugar y experimentar con el lenguaje y llevarlo a un punto, donde luego cualquiera pudiera tomar esa técnica y aplicarla a su escritura. de Aquí nace la palabra Potencial. Es como si se juntaran a crear una receta de cocina, que luego cualquier autor puede tomar para aplicarla en su literatura, siempre obteniendo resultados distintos, según quien la prepare. "Llamamos literatura potencial a la búsqueda de formas y de estructuras nuevas que podrán ser utilizadas por los escritores como mejor les parezca". Este es uno de los puntos más relevantes del taller, ya que juegan con la literatura, muchos críticos ven en él una especie de complicación arbitraria o falta de libertad al genio creativo. Pero si uno se percata de algunos de sus resultados, digamos sus obras literarias, se percata que es todo lo contrario a falta de libertad, mas bien un punto de inicio, un camino para construir una larga carretera, crear algo donde antes no existía nada.
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"En el fondo, me doy reglas para ser totalmente libre" Georges Perec ( foto de puzzle). Tenemos casos ilustres como La vida instrucciones de uso de Perec, o El Castillo de los destinos cruzados de Italo Calvino. Dos obras diametralmente opuestas, pero que cada una se basó en diferentes elementos para dar vida a una obra literaria compleja y a la vez muy entretenida. En el caso la primera, los elementos son los objetos y habitantes de un edificio, que va detallando siguiendo el sistema de cuadrado bilatino ortogonal en orden 10. Mostrando los capitulos a modo de piezas de un gran puzzle. En la obra de Calvino son las cartas del Tarot, donde la historia se va tejiendo a medida los arcanos se van mostrando en la mesa. |

En otro caso más rígido y que llega al límite casi del absurdo es Ejercicios de Estilos, de Raymond Queneau (en la foto), donde el experimento va más allá de cualquier literatura convencional. Aquí el autor toma un caso de la vida cotidiana, una persona sube a un bus lleno, al mediodía, otra lo empuja y ahí comienza un sin fin de posibilidades. No propiamente de diversos finales de la historia, sino que de formas de contar lo sucedido. Lo cuenta en 99 estilos diversos, que van desde relato, informe policial, oda, verso libre, etc. Es un claro ejemplo de la experimentación del lenguaje y como incide en la forma de captar una historia. Lo que quiebra con el paradigma de su época, donde el estilo primaba frente a la narrativa, acá Queneau deja en claro que el estilo se subyuga a la narración. Sobre el origen de esta obra se aclararia mas tarde que nació de la obra El arte de la fuga de Bach como “construcción de una obra por medio de variaciones que proliferaran hasta el infinito en torno a un tema bastante nimio.” En la poesía, esto de las reglas en la estructura no era para nada nuevo, ya que desde los poetas alejandrinos, el haikú, el soneto italiano, las figuras literarias, etc. se venía haciendo hasta que llegara la modernidad y con ella el verso libre. Pero en narrativa no se había incursionado al nivel que lo hizo el Oulipo, generando obras algunas ocasiones extrañas, llamativas o de un acabado muy prolijo, como el caso de La vida instrucciones de uso. Tanto detractores como aficionados tuvo el Oulipo en la segunda mitad del siglo XX, pero lo inmensamente rescatable es que fueron capaces de llevar la narrativa a un nivel de experimentación y juego que antes no se había logrado. Esto gracias a combinar la magia de las matemáticas con la magia de las letras, que en este caso derivó a una búsqueda científica del lenguaje. En otras palabras uniendo el hemisferio izquierdo con el derecho de nuestro cerebro, creando una obra capaz de situarse en el centro de nuestro hipotálamo, obteniendo una obra mas bien objetiva y alejada del sentimiento vago de un autor, o la llamada inspiración externa de la escritura. Algo más racional y a la vez más manufacturado, no con el fin de vanagloriarse como obra, sino todo lo contrario, que esté al alcance de cualquiera que esté dispuesto a seguir las reglas del juego con que esta fue creada. Cambiando así el paradigma del arte, desde Creaciones-creadas a Creaciones-creadoras. |
Articulo sobre Queneau y Perec
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